En su infancia las cosas no mejoraron, pues aunque la luz que desaparecía era menor, sé podría decir que vivía en las tinieblas, pero su mismo cuerpo irradiaba luz como si éste fuera el que atrapaba aquella luz que desaparecía, no era fácil pues desde pequeño los demás niños lo molestaban, pues su luminosidad no era fácil de pasar desapercibido al igual que el hecho de que la luz desaparecía cuando él estaba cerca.
Decidió escapar de su casa a los 16 años y refugiarse en un bosque lejano donde no habría gente que lo molestara y lo degradara, en su tiempo de soledad empezó a comprender y a percibir a la naturaleza, y logro disminuir el hecho de absorber luz, aunque no en una totalidad pues aunque no lo quisiera aceptar la luz seguía desapareciendo, así fue su vida por 5 largos años.
Cuando fue a recolectar una de sus cosechas encontró a una hermosa chica de no más de 17 años, que estaba recolectando lo que había sembrado, él se quedo viendo detrás de unos arbustos mirando su hermoso cuerpo, su cara, su delicado cabello el cuál era de un color castaño oscuro casi negro, su hermosos ojos, no podía dejar de mirarla, sólo observaba como es que aquella chica tan hermosa se estaba llevando su comida, y pues decidió que pues que más da si ella lo podía aprovechar pues que lo disfrutara.
Al siguiente día al ir donde estaba su otro cosecha espero que apareciera aquella chica tan hermosa pero jamás apareció, espero por varias días en diferentes sembradíos que tenía, pero ésta jamás apareció, en su desesperación salió a buscarla y localizó un pequeño pueblo que vivían sobre árboles, al acercarse a aquella ciudad se obscureció por completo, sin saber que hacer Leinad salió huyendo pues no quería que le hicieran algo por su don tan extraño.
Solo y triste regreso a donde vivía, paso a tomar algunas cosas de su cosecha y se dirigió a la cueva donde vivía, al entrar se sorprendió puesto que su cueva brillaba con una intensidad que él no conocía y se sorprendió más cuando se percato de que él era aquel foco humano que irradiaba aquella luz, prendió fuego para poder cocinar aquello que había recolectado pero para su sorpresa en vez de que el fuego perdiera un poco de intensidad como siempre pasaba, éste tomo más y más que costaba verlo o siquiera acercarse mucho.
Aquella noche le costó dormir pues no estaba a acostumbrado a la luz, en sueños soñó con una pequeña esfera de luz azul que resplandecía en su mano y luego veía aterrado como es que se derramaba sangre a través de su brazo.
Aquella noche fue de lo más rara, pero ya era un nuevo día y el sol radiaba, ¿¡el sol radiaba!?, como era posible que el sol radiara si cuando él estaba el sol bajaba su intensidad. No entendió pero después de lo de ayer ya no se quedó a preguntar más, se disponía a ir a recolectar algo para comer y en sus despistado caminar choco con aquella chica a la que alguna vez había visto, sus ojos se llenaron de terror al ver a un ser que resplandecía frente a sus ojos y ésta salió huyendo aterrada dejándolo triste en el suelo, mientras se veía como en el suelo empezaban a caer finitas gotas de agua que iban hidratando aquella tierra.
Todo aquel día se quedo en su cueva, iluminada, llorando se maldecía aquel don que le había sido otorgado, que don, más bien maldición, es lo que se repetía una y otra vez, triste y desanimado no salió de aquella cueva durante los siguientes dos días, pues al tercero en la noche aparecieron frente a la cueva varios hombres con antorchas y herramientas de trabajo, se detuvieron frente a mí y como si fuera un animal salvaje lo empezaron a atacar, en un instante la cueva se ilumino con más intensidad y aquél que desaparecía la luz se acercó con una mirada perdida y con sus manos extendidas tomó las antorchas y extinguió su luz, en el instante en que la luz de la cueva estaba a tal brillar que enceguecía.
Leinad salió corriendo de aquella luz cegadora con terror, huyó hacia el bosque más espeso esperando refugio en un árbol que de niño le dio resguardo los primeros meses.
Estaba desesperado, aterrado, hambriento, enojado y triste pues no comprendía cómo es que los hombres, aquellos semejantes a él, podrían hacer eso, pero estaba feliz de que aquel antiquísimo árbol lo recibiera y lo acogiera en sus ramas, esa noche durmió apaciblemente en aquel árbol que resplandecía.
Al día siguiente regreso con cautela a ver sus cosechas las cuáles encontró quemadas, al no encontrar comida regresó al árbol aquél y en sus raíces salidas de la tierra encontró a aquella chica con la cabeza agachada y con un canasto, su reacción más que de susto fue de enojo, mientras más se enojaba, su cuerpo resplandecía más y más, hasta hacerse notar a tal extremo que la chica se percató de su presencia, y con la cara todavía mirando hacia abajo, se acercó a él y le tomó su brazo, en ese instante su luminosidad descendió a tal grado que parecía una persona normal, en el instante en que se desmayaba.
Al despertar se encontró en las raíces de aquel árbol, y recostada su cabeza sobre las piernas de aquella chica, al percatarse de ello se levanto y viéndola fijamente le pregunto mientras su brillo regresaba.- ¿Quién eres, y por qué me has atacado?Le respondió que no había sido ella sino gente de su aldea y que estaba de acuerdo con que estuviese enojado pues había sido su culpa en primera instancia que lo atacaran.
Le contó cómo es que había llegado a su aldea aterrada y que les había contado lo que había sucedido, pero estaba aterrada que no recordaba dónde había sido, al paso de dos días recordó el lugar y les dijo, pero ella no sabía que ellos iban a ir a atacarte, y en la mañana cuando fue a ver las cosechas las encontró quemadas y se sintió mal por eso y recolecto algunas frutas y había ido a buscarlo pero se había cansado y decidido descansar en las raíces de ese árbol.
El seguía desconfiando de ella pero sintió algo dentro de él que lo impulso a no alejarse, y de nueva cuenta el brillo que emanaba empezó a desaparecer.
Sintió confianza y lentamente se fue enamorando de ella, al igual que ella le empezó a atraer aquel joven, el tiempo pasó y ellos seguían viéndose en aquél árbol mientras ella decía a su padre que iba a recolectar frutas o algo parecido, realmente se escapaba para verlo, su relación no podía ser mejor, sólo ocultaba su amor pues en la aldea creía que existía un demonio en aquel bosque con aspecto humano y sabía perfectamente como era.
Pero sin nadie que se interpusiera aquella pareja siguió con una vida feliz pasaron dos años desde aquel día y ella que esperaba un hijo regresaba a su aldea donde su padre le presento a aquel que sería su marido, ella se enojó y gritó que eso no era lo que ella quería y que no podía obligarla a hacer eso, pero no pudo hacer nada al respecto.
Aquella noche escapo para buscar a su amado, al llegar donde él, le contó lo sucedido llorando y desanimada, pues ella quería mucho a su padre y no quería decepcionarlo, pero el amor que ella sentía era más fuerte que su propio amor paternal y decidió que ella preferiría estar con aquél ser que amaba, antes de cumplir los deseos ambiciosos de su padre.
A la mañana siguiente cuando fueron al cuarto de su hija y no encontrarla el padre lleno de cólera la envió a buscar, y le exigió a su futuro marido que la trajera de regreso.
Se separaron en busca de ella por muchos caminos, y la buscaron con desesperación, pero no la encontraron y regresaron desesperados y cansados, pero el padre se enojó y obligó que, al menos aquél que sería su futuro esposo, no se podía regresar con tanta facilidad.
Desesperado regresó al bosque en busca de aquella que se convertiría en su futura esposa, y para su suerte la encontró acostada en las raíces de aquel árbol, aquel árbol que compartió su amor de la joven pareja esa mágica noche de Luna Llena.
La tomó de una manera brusca del brazo diciéndole que su padre ordenaba que regresara de inmediato al pueblo, ella se negó rotundamente, diciéndole que ella no quería regresar, que ese sería su nuevo hogar, y el de su familia, -Familia, ¿de qué rayos estás hablando?- le preguntó. Ella firmemente le respondió que se había enamorado de aquel humano que ellos nombraban demonio y que estaba esperando una hija suya, en el instante en que ella terminaba de decir eso, Leinad regresaba de recolectar algunas frutas y, al ver cómo es que aquel sujeto la golpeaba, se enojó como antes y aquel resplandor que había desaparecido por dos años regresó aumentando cada vez más, cuando el sujeto aquél se percato de que estaba allí aquel demonio se volteó y se rió, en el instante en que arrancaba la ropa de su prometida dejándola desnuda, -Mira, mira este es el cuerpo que tu has manchado insertándole a ese demonio dentro suyo-, justamente cuando acabo de decir eso golpeó a aquella chica dejándola en el suelo sangrando por su parte inferior pues la había golpeado justo en donde se encontraba la criatura, Leinad fuera de sí corrió para ayudarla pero ese maldito hombre le cerró el paso diciéndole, que esa criatura que llevaba dentro no era digna de llegar a este mundo, diciendo esto se volteó y pateó de nuevo a la chica, Leinad en un estado colérico se abalanzó sobre aquel hombre, el cual lo empujó y lo tiró y se levantó rápidamente colocándole la punta de su pie en el cuello de la chica diciendo que ella tampoco merecía el perdón y que debería morir, en el ínstate en que empezó a apretar su cuello contra el piso y ella tosía toda aquella luz que emanaba se concentró en un punto fino de luz azul en el centro de su mano, la luz que emanaba era semejante a la de una estrella en el firmamento, pero aquel hombre no se aterró, es más se burló de él diciéndole que ¿qué iba hacer con eso? qué no se hiciera el idiota y en ese instante apretó el cuello con tanta fuerza que lo rompió arrebatándole la vida a aquella chica tan hermosa que yacía en el suelo, con la que él había compartido tantas cosas.
En el instante que el hombre reía aquella estrella que yacía sobre la mano de Leinad empezaba a tomar forma de una extraña espada resplandeciente que lentamente crecía e iba atravesando a aquel hombre, a aquel asesino, mientras la sangre empezaba a recorrer su brazo, la espada tomo más intensidad y partió a aquel hombre en dos, la sangre la goteaba del codo de Leinad el cuál seguía en un estado de desesperación máxima, en el instante en que la primera gota de sangre cayó al suelo, Leinad recupero su conciencia y alzó un grito del dolor hacía el firmamento, quejándose ante Dios de su injusticia, mientras aquélla estrella se unía a la palma de su mano.
Leinad se dirigió hacía el cuerpo caído de su amor, de su único amor, le cerró los ojos, le dio un beso, y esa misma noche la enterró junto a aquel árbol que los vio nacer y morir juntos, lámenos en el ser, mientras derramo su última lagrima juró frente a aquel árbol y al espíritu de su amada.
“Jamás dejaré que vuelva a ocurrir algo así”.
Y se internó en el bosque.
