lunes, 15 de septiembre de 2008

El reino de la Luna

En mi viaje por encontrar el país mágico llegué a una tierra pacifica donde grandes palacios y construcciones de un tono blanco semi plateado daban lugar a un hermoso reino donde habitaban criaturas mágicas junto con la naturaleza, en un ambiente de respeto e igualdad.
Cuando entre en este majestuoso lugar de fantasía, me di cuenta de que en el palacio más bello y alto que jamás hubiera visto se encontraba un hermoso vitral que tenía una hermosa luna llena y debajo de ésta tenía una inscripción, “Bienvenidos viajeros, bienvenidos a este pequeño reino, El reino de la Luna, en donde puedes encontrar la paz interna”.
Me quedé atónito frente a la majestuosidad de este palacio cuando por detrás se acercó un pequeño duende de no más de 60 cm. de alto y me dijo – ¿No quieres pasar? A la luna le encanta recibir viajeros.
Con estas palabras me quede sorprendido y le pregunté - ¿La luna has dicho? – Si, me respondió - ¡Pero eso es imposible! la luna es una hermosa dama, dueña de las noches y de los amaneceres, ¿cómo puede ser que esté en este palacio? - Para la luna no hay imposibles, me aclaro el pequeño duende, - ¿vas a entrar o no? – Si, le respondí con emoción.

Al entrar en semejante palacio mis ojos no creían lo que estaban viendo, pues sus hermosos pilares y murales eran de lo más asombroso que me hubiera imaginado, y justo al centro en un trono formado por millones de astros estaba sentada la luna. Era una hermosa doncella, su rostro tenía un tono azulado, y con una dulce voz me preguntó qué era lo queme traía a sus tierras alejadas de los hombres; yo, con una voz entre cortada, le aclare que yo ya no era un hombre, que yo era de los llamados fantasmas y le conté también que estaba en busca de un país mágico del cual había escuchado contar a un dragón.
En ese instante la Luna me detuvo y mando a unas hadas a buscar a Aznarepse quien resulto ser el mismo dragón que me había dicho sobre aquel lugar. La luna le preguntó que por qué me había dicho acerca de ese lugar, él respondió muy firme a sus razones - Porque este ser tiene un corazón noble y puro y se que jamás dañaría a Gaia, nuestro hermoso hogar. La Luna asombrada de lo confiado de las palabras del viejo dragón reconoció que no había sentido ningún mal en mi y cortésmente se ofreció a darme un mapa mágico que sólo con amor podría ser visto. Encomendó a tres hadas, a un pequeño matorral y a cinco diminutos granos de arena que me acompañaran.

Ya a las puertas del reino de la Luna, Aznarepse me recomendó jamás dudara de mi mismo pues esto podría salvar mi vida.
Cuando me disponía a continuar mi viaja llegó corriendo el duendecillo que me invito a entrar al palacio de la Luna y me dijo que quería acompañarme en este viaje, yo con mucho gusto accedí y despidiéndonos así del majestuoso reino de la Luna proseguí mi camino, pero ya no estaba solo, ahora contaba con ayuda de nuevos amigos que me apoyarían en este viaje.

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